miércoles, 21 de octubre de 2009

Obviedades

Cuando uno tiene todo tan planeado, subyace un inevitable e inmeso riesgo de que las cosas no salgan así.
Ahora, pretender que alguien como yo no planee -no sólo el fin de semana, sino los próximos meses y año-, es hasta delirante. E imposible.

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