Es extraño el poder que tienen en mi los viernes. Por más ridiculo que suene.
Hoy me desperté enferma. A pesar de que sea viernes. Y es que ultimamente todos los días me despierto enferma. Además de que necesito 15 minutos o más para levantarme, si es que me levanto.
En la vereda de la casa de al lado (el terreno de Ana Acosta) habia ayer un pajarito muerto. De esos recien nacidos que se caen del nido, o que se cae el huevo con el pichón adentro. Cuestión que era grande como para estar en el huevo... así que creo que ya había nacido.
Nada, me impresionó mucho, porque yo iba mirando al piso (nose porqué, pero a veces camino mirando al piso, sin levantar la vista ni una vez, sumida en mis pensamientos... al punto que más de una vez me llevé puesto a alguién o un tacho), y lo ví ahi, achuchurrado contra la baldosa, y no es que me detuve a mirar qué era, pero lo percibí al segundo, y fue muy desagradable.
Mucho más impresionante fue cuando esta mañana, saliendo de mi casa, y pasando por la vereda del terreno de Ana Acosta, volví a verlo, ahí tirado, más aplastado y deforme que el día anterior. Y tampoco es que lo miré detenidamente ni mucho menos.
¿Después de ésto y de la comida del comedor, como no voy a empezar a odiar el pollo?
viernes, 6 de octubre de 2006
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