sábado, 7 de octubre de 2006

Al pan, pan, y al queso...

Hoy me enteré que a mi progenitor tampoco le gustaba el queso. A mi nunca me gustó, y muchas veces me sentí extraña por eso. Pero nunca supe que él, hasta los veinti tantos, comía sólo queso rayado, y nada más. Y estoy realmente sorprendida.
Me explico: si yo huboese sabido que a él no le gustaba el queso, podría adjudicarle mi "no-gusto" a razones psicológicas. Ahora, como yo no sabía, hasta hoy, ¿debería creer que la genética está involucrada en esto? ¿Es posible que los gustos se transmitan vía genes?

Admitiendo que no comer queso es visiblemente antisocial, me consuela saber que hay esperanzas... y que algún día puede llegar a gustarme, y quizás hasta a encantarme tanto como a él.

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