Si algo le agradezco a los trabajos que tuve/tengo -amén de jefes complicados, horarios horribles, findes laborables, condiciones y sueldos tristes- es todo lo que aprendí.
Trabajar primero en un diario nacional, importante, en una sección en pleno desarrollo; y luego en prensa de una ong con cada vez más influencia y gran importancia y renombre en un sector en pleno conflicto como es hoy el campo, me dio calle.
Cada vez más seguido, al leer diarios y demás sitios informativos (lo que sucede unas 30 veces al día porque, además, soy de los de cultura online, que no pueden estar sin saber que pasa y a esta altura leen más y mejor en el monitor que en el papel), me doy cuenta al toque cuando algo está pifiado (informativa, redaccional o estilistamente).
Estoy fervientemente convencida que nací para ser periodista y que también, sería una gran editora. (Aparte soy genial pensando títulos, en especial de los creativos).
Y también creo que si no fuera periodista, ni aspirara con ser editora, yo no se alma a qué tendría. Seguramente, no tendría alma.
jueves, 16 de diciembre de 2010
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