martes, 13 de julio de 2010

Consecuencias de finde largo

Este fin de semana admití (abiertamente, porque en mi fuero interno, ya lo sabía) que pienso mucho. Léase, analizo mucho cada situación, la estudio desde todo punto de vista, chequeo las opciones disponibles, elijo en función, lo vuelvo a pensar (por las dudas)... en fin, es agotador. Y a la vez, inevitable.
Decidí que tengo que empezar (al menos, hacer el esfuerzo) a pensar menos. A vivir más "a lo espontáneo". Que la vida me sorprenda en serio, con algo que no había pensado, que no se me había ocurrido, que no había creído que pudiera pasar.

Hoy martes, dos días después, de nuevo ya no me la creo. Ojalá fuera más así. Pero entonces, no sería tan yo. Está claro: tengo que elegir. Y una vez más, después de analizarlo, creo que por ahora me quedo conmigo. Porque está bueno que la vida te sorprenda, pero más bueno está que no te golpee.

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