Mientras leía las líneas que les escribí, la miraba. Ella me guiñaba un ojo, sonreía y lloraba. Todo a la vez.
En ese momento supe, en en fondo de mi ser, que ya nunca sería lo de antes. Que una etapa había terminado, que de ahora en adelante, eran ellos, en plural.
Un poco de nostalgia, pero mucha más alegría... deberían haber visto esa sonrisa en su cara, la emoción cuando entraba de casi blanco (porque ahora ya no se usa el blanco blanco) y lo miraba.
En ese momento supe que, aunque nunca volvería a ser lo de antes, ella sería feliz. Ellos serían más felices. Y, por ende, yo también.
Feliz Bicentenario a mi Patria. Pero mucho más feliz nueva vida a mi amiga del alma.
miércoles, 26 de mayo de 2010
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