jueves, 14 de enero de 2010

No amigos de todos los días

Descubrí que soy malísima para las conversaciones casuales, esas con taxistas, porteros y conocidos de hola y chau.
Resulta que hablar de lo pesado que está Buenos Aires y que si el SMN anunciaba lluvias o granizo, definitivamente no es lo mío.
Ni hablar de la típica conversación: Buen día, buen día, como anda?, bien y usted?, bien, muy bien, sus cosas?, todo bien... y así vuelteramente hasta que finalmente llega el ansiado acensor. En caso de la espera sea aún más larga, la conversación puede derivar en el infalible tema base por excelencia... que calor que hace, no?, uff sí... está pesado, bla bla bla.
No, esto no es para mí. Los taxistas deben adivinarlo en mi poca respuesta y desisten a la tercer pregunta o comentario (aunque nunca faltan los que no tienen ni medio reparo en contar la vida de todo su árbol genealógico o relatar historias (menudamente inventadas, asumo) sobre políticos, famosos, "estrellas" y personajes que frecuentamente no conozco (creo que porque no miraba programas imperdibles como Bailando, patinando, cantando o cocinando por un sueño).
Y no me molesta ser así, menos todavía admitirlo. No sirvo para la simpatía fugaz y ocasional. No quiero hacerme amiga del taxista, no quiero ser la confidente del portero del edificio en el que trabajo (mucho menos a las 9 de la mañana de un día de semana de mediados de enero).
Algunos podrían tildarlo de ortivez. Yo lo llamaría sinceridad.

2 comentarios:

Solemnka dijo...

Conversar con peluqueros tampoco me simpatiza. Cortame rápido (y poco, sólo las puntas) y a otra cosa mariposa!

Maite dijo...

Sólo las puntas!! jajajaaja
Si no queres hablar del clima podes improvisar con el tema fútbol al que ningún hombre se resiste. Yo juego a adivinar los resultados...