Qué difícil se me hace tomar algunas decisiones. Especialmente porque se que después no hay vuelta atrás.
¿Qué es peor, continuar con algo a lo que vengo apostando hace años, con una esperanza cada día menos verde y soñando con que algún día sea; o decidir arriesgando mucho, condenando quizás posibles oportunidades futuras?
Ni siquiera es un conflicto entre presente y futuro. Es el hoy por hoy, y el mañana por el mañana. Ya hace rato dejé esa presión de lado, cuando me di cuenta que nada está cien por ciento garantizado, nunca.
Y vivo desconcertandome a mi misma. Las convicciones van deambulando de orilla a orilla, y el panquequeo se está convirtiendo en mi filosofía.
Hay muchos ya hartos de escucharme decir que quizas me voy, que no me voy, que seguro me voy, que me quedo para siempre... y no es que sea mi tema recurrente del año, sino que así como lo digo, lo siento.
Yo soy la que panquequea. La que un día quiere blanco y al otro negro. O mejor dicho, la que siempre quiere lo mismo pero no se anima a arriesgar. Por miedo. Miedo a perder.
El que no arriesga no gana, sí. Pero tampoco pierde.
Odio que eso me convenza más que cualquier otra hipótesis.
O quizás sea que necesito darme cuenta que perder no siempre es tan malo. O que si es malo, pero necesario.
Nose, la verdad que nose. No estoy en condiciones de coherencias.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
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