Un día, después de 7 meses, ella volvió a su paraíso.
Y una vez más no pudo explicar, y menos aun definir, el coctel de emociones que la embriagaba cada vez que pisaba ese suelo.
Difícil que alguien entiendiera lo que significaba para ella cada nuevo atardecer trás los álamos... y ese silencio, que no era silencio, de cada mañana... y las increíbles noches, con más estrellas que cielo...
Una vez más ella estaba a su paraíso, y era inmensamente feliz.
miércoles, 7 de marzo de 2007
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