Me estoy volviendo increíblemente adicta al tilo. Siempre me pasa. No hay noviembre que no enloquesca por este árbol.
Lo reconozco a más de dos cuadras. Ese aroma inconfundible. Lo siento y empiezo a buscar donde hay uno. Y cuando lo encuentro, sonrío.
Y no lo puedo evitar. Y me encanta.
miércoles, 22 de noviembre de 2006
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